Don José Calasanz fue un sacerdote salesiano, quien conoció a Don Bosco ya viejo y cansado. 5 años después se investía con la sotana salesiana. Era un hombre de gran corazón, con una voz potente como la de un león pero con un espíritu como la de un manso corderito, siempre respetuoso, siempre amable. En medio de la guerra civil de España, cualquiera que se hiciese llamar cristiano corría grave peligro.
Escondido con otros salesianos, cooperadores, Hijas de María Auxiliadora, laicos, coadjutores y otros más de la familia salesiana, se propuso a dirigir los ejercicios espirituales. Poco tiempo después y sin perder la calma los habían apresado a todos. Al poco tiempo, sin decir nada, decidieron liberarlos. Uno de sus compañeros le decía que creía que era una emboscada. Don José decía: "Hijo mío, debemos confiar más en la Divina Providencia. De todos modos, yo creo que estoy en gracia de Dios." Quien pudiera saber que ese era el último adiós de Don José.
Salieron todos, y en medio del camino los militares les volvieron a hacer un chequeo. ¡Don José andaba su sotana en la maleta! Se rieron mucho y no hicieron casos de lo que el les hablaba sobre la religión. Los subieron a una camioneta, a el y 3 sacerdotes más. Cuando pasaban por un puente se oyó un grito desde el camión: "¡Dios mío!" gritaba Don José...y un disparo. Asesinado por amar a Cristo.
Mi familia espiritual lleva el nombre de este Beato Salesiano. Familia Calasanz. Un grupo de 9 chicas: Astrid, Xiloeé, Karen, Alejandra, Marcela, Shynthia, nuestras pastorcitas: Karla y Adela, y yo. Todas con una sed de conocer más de Dios de formarnos semana a semana para ser mejores personas. En nuestra familia hay líderes, unas de grupos salesianos de niños, otras en nuestro grupo.
José Calasanz es el ejemplo perfecto a seguir para nosotras. No se detuvo por una guerra para orar y aprovechó sus últimos momentos para evangelizar. Sus últimas palabras iban al Padre y dijo con tranquilidad..."de todos modos, creo que estoy en gracia de Dios". Murió por amar a Cristo.
Asi nosotras buscamos poder tener en nuestros labios en todo momento, una palabra de aliento, una oración, un grito a nuestro Dios y tomadas de la mano de María, buscamos la santidad. No la santidad de los altares, sino la santidad de ser el verdadero reflejo de Jesús y de poder ir luego a la presencia de Dios.
La familia Calasanz, tratando día a día de agradar a Jesús, de estar dispuestas a dar la vida por su Amor como lo hizo por nosotros, dispuestas a dar testimonio de El en nuestras vidas.
Ayer, para muchos, fue el día de Acción de Gracias. Realmente no es una tradición en mi familia. Pero si se ha vuelto una tradición de otra tradición en mi vida. Hay dos personas en mi vida, que me han enseñado el valor de dar las gracias.
Uno, es mi amiguito Raúl. Desde hace ya 5 años, todos nuestros amigos y los suyos, familiares y nuevas caras, recibimos un correo el día de Acción de Gracias de parte suya. En su familia siempre celebraban ese día, y siempre lo harán. Junto con Josué, nuestro angelito y su hermano, han llenado la vida de bastante gente, de muchas bendiciones. Ambos nos han enseñado el valor de dar las gracias. Raúl con su ejemplo, nos recuerda a todos, lo bonito que es darle gracias a Dios por cada una de las bendiciones que El nos regala todos los días. Y esas bendiciones vienen envueltas de alegrías, tristezas, personas, situaciones, lugares, trabajos, estudios, cosas que quisimos, cosas que se nos "asignó".
Dios en su infinita misericorida, nos da la oportunidad de "volver a empezar" como lo ponía mi amiguito, nos da el chance de comenzar de nuevo todos los días, de hacer las cosas bien, de buscar la manera de llegar a El.
El otro, es mi papi. Don César. El valor más importante que mi papá me ha enseñado en la vida es decir gracias. Toda su vida en si, es un agradecimiento, a Dios, a las personas que en el camino le han ayudado a ser la persona que hoy día es. Mi papá, ha pasado tanto en su vida, desde que tuvo que dejar su casa a los 17 años junto a su hermano mayor para estudiar, y trabajar para pagar sus estudios y ayudar en su casa donde habían 6 hermanas más. Siempre hubo alguien, definitivamente enviado por Dios, que supo plantar una semillita en su corazón. Personas idóneas para dejar un legado en su vida y que de alguna manera lo ayudaron. Desde donde vivir, conseguir un trabajo, conseguir una beca, darle animos para seguir estudiando, todo esto acompañado de la bendición de conocer a mi mami y casarse.
"Siempre tienen que ser agradecidas." Esa es la frase más memorable que puedo recordar de mi Papá. Si el día de mañana el no está a mi lado, se que el sembró uno de los valores más grandes en mi, ser agradecido.
Por esas dos grandes razones, yo hoy doy gracias a Dios porque me permite vivir, porque me permite renovarme cada día en su amor, porque me deja caerme y volverme a levantar. Porque me permite tener personas a mi alrededor que me demuestran lo inmenso de Su Amor y porque aunque a veces duela, sus decisiones son mejores que las mías.
Gracias por permitirme gritarle al mundo que ESTOY ENAMORADA DE DIOS y de todas las bendiciones que derrama en mi.
Yo crecí en una familia católica. Mis papás siempre nos inculcaron a mi hermana y a mi la importancia de ir a misa los domingos y rezar por las noches...pero más que eso, era una mera costumbre. Para mi, tener una "relación" con Dios no pasaba de asistir a misa, mis clases de religión en el colegio y la oración de la noche.Siempre supe que orar a Dios era bueno, pero la verdad no estaba segura si realmente había alguien que me escuchaba. Siempre me preguntaba...¿será que lo estoy haciendo bien? ¿será que alguien me está escuchando? Y bueno, igual...pedía y pedía. En mi casa pasamos un tiempo muy difícil cuando yo tenía como 13 años...fueron como 5 años de tensión familiar. Me sentía extraña y triste porque no lo podía platicar con nadie. Recuerdo que entonces, cada vez que comulgaba en misa, mi oración iba dedicada a Dios para que la situación en mi familia mejorara. Sinceramente, pasó tanto tiempo, que realmente pensé que Dios no me escuchaba. Ahora me doy cuenta que si lo hizo, porque todo está bien.
Cuando salí del colegio todo cambió. Ya no tenía la "obligación" de hablar de Dios, ni de ir a misa, ni oraciones ni nada. Pensaba que estaba "muy ocupada" para hacer odo esto. Todo se volvió un caos, me matriculé en una carrera que no era para mi, en fin un verdadero desorden. Lo que empeoró las cosas es que ese mismo año, una amiga mía de la infancia, Annie, había muerto en un accidente de carro, ella solo tenía 16 años. Me enojé por sobre manera con Dios, seguía creyendo en El, pero no podía creer que haya permitido que eso le hubiera pasado a ella, tenía tanta colera que hasta me alegré de que la persona que iba conduciendo el carro también había muerto. Me aparté por completo de la Iglesia, no iba a misa, no me confesaba, no oraba. Nada. Sumandole a esto, me cambié de carrera y según yo, todo iba a estar bien.
Un par de años después, a mi hermana la invitaron a un retiro, yo de metiche también fuí. Era el FDS de ESCOGE. Milagro! Todo se miraba distinto, todo era hermoso, todo era felicidad...sentí que realmente habia cambiado, eso sí, pero afuera todo seguía igual. A pesar de que poco a poco, mi amistad con Dios regresó y que yo pensaba que todo iba a estar bien, no fue así. Sentí todo aún más difícil. Me costó mucho regresar a las misas, no digamos confesarme...y para colmo, una vez más me di cuenta que la carrera que estaba estudiando no era para mí. Esta vez fue peor, no sabía como decirles a mis papás que otra vez me iba a cambiar de carrera...y cómo que de carrera, si ni siquiera sabía que iba a estudiar. Me sentí tan inútil, tan desagradecida, tan poco. Entonces tomé acción, mi hermana me ayudá a averiguar qué es lo que más me gustaba, fuimos a ver universidades, hablabamos bastante, mis amigos de ESCOGE me animaban y me decían que orara, que le pidiera a Dios la sabiduría suficiente para discernir que debía hacer y sobre todo por la fortaleza suficiente para decirselo a mis papás. Y así fue como fui conociendo una vez más el gran significado que tiene la oración para mí. Realmente me ayudó a tomar una de las mejores decisiones de mi vida.
Luego, poco a poco fui tomando mayor compromiso en ESCOGE. Me sentía más unida a Dios. Para mi, ir a misa se volvió una necesidad, ya no bastaba con ir los domingos, sino que también disfrutaba de oir misa los días de semana. Me interesé en leer más la Biblia, aunque aun hoy me cuesta un poquito. Me di cuenta, que me encanta cantarle a Dios...es lo más bonito que me pudo haber dado, una voz para adorarlo y bendecirlo en todo momento. Siento que cada vez que le canto estoy un poquito más cerca de El. Pero sobre todo, me agarré de la oración, de hablarle y platicarle y pedirle y darle gracias, perdón...adorarlo y escucharlo. Estar en la presencia de Jesús Sacramentado es lo mejor que puede existir, es sentir una paz verdaderamente increíble.
Ahora, estoy en el discernimiento vocacional, tratando de descifrar que es lo que Dios quiere de mí, que puedo hacer yo para acercarme más a El. Mi Madre María Auxiliadora que me trajo de la mano a la familia salesiana, poco a poco me condujo a los Salesianos Cooperadores, laicos comprometidos y promesados ante el altar a vivir en plena espiritualidad salesiana, siendo ejemplo y testimonio de vida para los demás. Estoy formandome...si Dios quiere algún día podré promesarme.
Cristo se ha vuelto tan vital en mi vida, que es casi imposible respirar sin su presencia. No me imagino un día sin hablarle sin adorarle, sin decirle lo mucho que lo amo y lo mucho que le agradezco por las bendiciones que El me da cada día. Lo veo en todos lados, en la bella hermana que me regaló y los maravillosos padres que me formaron, en mis amigos con su apoyo, en mi trabajo, en los dones que me regaló. No me imagino la vida sin El. Estoy completamente y perdidamente enamorada de Jesús. Hoy, mañana y siempre, en mi vida...Cristo es VITAL!!!