Uno, es mi amiguito Raúl. Desde hace ya 5 años, todos nuestros amigos y los suyos, familiares y nuevas caras, recibimos un correo el día de Acción de Gracias de parte suya. En su familia siempre celebraban ese día, y siempre lo harán. Junto con Josué, nuestro angelito y su hermano, han llenado la vida de bastante gente, de muchas bendiciones. Ambos nos han enseñado el valor de dar las gracias. Raúl con su ejemplo, nos recuerda a todos, lo bonito que es darle gracias a Dios por cada una de las bendiciones que El nos regala todos los días. Y esas bendiciones vienen envueltas de alegrías, tristezas, personas, situaciones, lugares, trabajos, estudios, cosas que quisimos, cosas que se nos "asignó".
Dios en su infinita misericorida, nos da la oportunidad de "volver a empezar" como lo ponía mi amiguito, nos da el chance de comenzar de nuevo todos los días, de hacer las cosas bien, de buscar la manera de llegar a El.

El otro, es mi papi. Don César. El valor más importante que mi papá me ha enseñado en la vida es decir gracias. Toda su vida en si, es un agradecimiento, a Dios, a las personas que en el camino le han ayudado a ser la persona que hoy día es. Mi papá, ha pasado tanto en su vida, desde que tuvo que dejar su casa a los 17 años junto a su hermano mayor para estudiar, y trabajar para pagar sus estudios y ayudar en su casa donde habían 6 hermanas más. Siempre hubo alguien, definitivamente enviado por Dios, que supo plantar una semillita en su corazón. Personas idóneas para dejar un legado en su vida y que de alguna manera lo ayudaron. Desde donde vivir, conseguir un trabajo, conseguir una beca, darle animos para seguir estudiando, todo esto acompañado de la bendición de conocer a mi mami y casarse.
"Siempre tienen que ser agradecidas." Esa es la frase más memorable que puedo recordar de mi Papá. Si el día de mañana el no está a mi lado, se que el sembró uno de los valores más grandes en mi, ser agradecido.
Por esas dos grandes razones, yo hoy doy gracias a Dios porque me permite vivir, porque me permite renovarme cada día en su amor, porque me deja caerme y volverme a levantar. Porque me permite tener personas a mi alrededor que me demuestran lo inmenso de Su Amor y porque aunque a veces duela, sus decisiones son mejores que las mías.
Gracias por permitirme gritarle al mundo que ESTOY ENAMORADA DE DIOS y de todas las bendiciones que derrama en mi.

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