Confieso que pude haberlo hecho mejor, pero no cabe duda y me he dado cuenta en los últimos años, que cuanto más me propongo estar en oración, acercárme más a Dios...el de abajo más se empeña en no dejarme lograrlo....¿no tendrá nada mejor que hacer? Mi Cuaresma fue de muchos cuestionamientos y muchas dudas, ¿qué voy a hacer con el resto de mi vida? ¿estoy en el camino correcto? ¿por dónde empiezo para hacer un verdadero cambio de vida? ¿a qué debo renunciar?

Y así como vino la Cuaresma, se fue y llego la Semana Mayor. Comenzó distinto, despedimos a un ángel que entraba a la casa del Señor el mismo día que Jesús hacía su entrada triunfal en Jerusalen (Don Gabriel Talavera). Así comenzó la Semana Santa para una familia que se aferró a Dios y no supo más que dar gracias en todo momento por la vida que les prestaron por algunos años...ellos renunciaron al amor terrenal por algo más bello que los espera en el Paraíso.
Decidí tomarme entonces la Semana Santa como un retiro personal y dejar que el Señor viviera su Pasión y Resurrección en mi Corazón. El tríduo Pascual definitivamente que fue una manera diferente de vivirlo. Me sorprendo que cada año Dios me pone las personas adecuadas y los momentos justos para realmente acordarme de su infinita misericordia y su gran amor. El Jueves Santo me fui a Comayagua y la pase con mis primos. Fue respirar aire de devoción y arrodillarme ante la humildad de Jesús. Visitamos varias Iglesias....todas tenían expuesto a Jesús Sacramentado de la manera más hermosa y yo no podía más que agradecer que cada 10 minutos yo podía acercarme hasta casi tocarlo y decirle cuánto lo amo. Sentía que me decía: "Pronto me iré...pero aquí estoy y aquí estaré por Siempre, no tengas miedo, no estás sola."
El Viernes fue vivir el camino de la Cruz del Señor y me acordé que cada día hago que Jesús vuelva a caer tres veces mientras carga su Cruz, el hace el esfuerzo de tomar la Cruz más grande para que la mía sea pequeña y yo lo derrumbo sin pensarlo. Me doy cuenta entonces lo mucho que estoy agradecida por el sufrimiento que vivió para que yo pueda sonreír. Me sentí triste entonces, porque aún no soy capaz de dejarlo todo y ayudarle a cargar la Cruz como el sirineo lo hizo. Tuve la oportunidad de vivir la Adoración a la Cruz y la Liturgia a las 3pm en punto alejada de la bulla con un pequeño grupo de 15 personas en un silencio físico y del corazón. Dos horas completas de sentir la muerte del Señor, arrodillarme y agacharme hasta el suelo para besarle sus pies clavados a la cruz y decirle cuánto sentía haberlo ofendido y cuánta falta haría si no estuviera en mi vida. Fue la pausa en mi semana necesaria para pensar y descansar en Él. Por la noche, la devoción regresó y caminé junto a la Virgen Dolorosa tras su Hiijo en la procesión del Santo Entierro...hermoso.
Ayer sábado mi corazón dejó de entristecerse y abrió paso a una nueva vida, a una Resurrección en el Señor. Tuve la dicha de vivir la Vigilia Pascual en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa con unos amigos...fue lo mejor! En medio de árboles y el cielo estrellado recibimos a Jesús Resucitado que salió a nuestro encuentro, cantamos, renovamos nuestra promesa del Bautismo y cenamos con Él. No tengo miedo de gritarle al mundo cuánto Lo Amo!...no tengo miedo a quedarme sola, porque realmente no lo estoy, no tengo miedo a enfretarme a un mundo que no se ha "empapado" del Amor de Dios...más que todo, no tengo miedo de ser discípulo, testimonio de la luz que hace brillar mi corazón: Jesús. De la mano de María comienzo una nueva vida en el Señor, me lanzo a las calles sin temor a que me digan LOCA por la alegría de gritar que ¡Cristo VIVE! y está aquí para quedarse y llenar de bendiciones al mundo. ¡Amén!

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